Artista desde pequeño y con una permanente necesidad de crear, Arnold Bauer Salinas, conocido por sus amigos como BauerInk, ha desarrollado una trayectoria vinculada a la ilustración, el arte visual y la fotografía. Sus primeros dibujos nacieron en una croquera y con un lápiz, cuando todavía era niño y plasmaba en sus hojas las imágenes que surgían de su imaginación.
Su principal inspiración estuvo siempre cerca: su padre, maestro soldador y tallador, quien, sin dedicarse profesionalmente al arte, cultivaba de manera autodidacta una particular habilidad para dibujar y crear.
Su principal inspiración estuvo siempre cerca: su padre, maestro soldador y tallador, quien, sin dedicarse profesionalmente al arte, cultivaba de manera autodidacta una particular habilidad para dibujar y crear.
Siempre dibujé de niño, porque lo vi de cerca. Mi papá tenía ese lado creativo y yo crecí observándolo. Con el tiempo empecé a notar que se me daba distinto, y ahí comencé a invertir en eso, comprándome una croquera y buscando un buen lápiz. Llenaba mis cuadernos de dibujos en las esquinas. De hecho, los profesores me decían que entregaba las pruebas con algún dibujo escondido en un borde, sin que yo me diera mucha cuenta.
Mi papá fue mi gran influencia en todo esto. Era maestro soldador y tallador y, aunque no era un artista profesional, tenía ese talento natural. Tallaba diseños en poleras blancas que después nosotros usábamos y, en su trabajo con fierros, era capaz de dibujar a mano las piezas de acero que debía reparar o fabricar. Falleció cuando yo tenía 12 años, pero guardo el recuerdo de verlo en su taller, rodeado de sus dibujos y planos. Lo que más me marcó de él fue su lado autodidacta. Ese espíritu de “si se puede aprender solo, se hace” es algo que llevo conmigo hasta hoy.
Ya tengo un estilo propio. Yo creo que está entre lo urbano y el realismo, ya que hago caricatura urbana. Antes tiraba líneas no más y lo que tenía en la cabeza lo dibujaba. Ahora soy capaz de tener un orden. Casi todos los dibujos los trabajo por capas, luz y sombras, trazos gruesos; siempre es lo mismo. Incluso cuando me piden alguna ilustración, trato de tomar su idea y fusionarla con la mía.
Mientras recopilaba bocetos para esta iniciativa, me di cuenta de que cuando empezaba en esto expresaba mucho sentimiento. Eran intensos los dibujos [risas]. Me decían: “Por eso seguramente te gusta el dibujo, porque tú expresas por ese medio”.
Hoy, si vuelvo a revisar esos bocetos, podría mejorar la técnica, porque tengo más experiencia. Pero también veo ahí una parte importante de cómo comenzó mi forma de expresarme.
Con el tiempo, esa búsqueda personal comenzó a abrirle nuevas oportunidades. Arnold empezó a mostrar sus ilustraciones, a contactar marcas y a descubrir que aquello que había comenzado como una inquietud de niño también podía transformarse en una herramienta de trabajo.
Hay dos momentos. Primero, cuando trabajé con una marca de bebida energética, “Score”. Tomaron una ilustración mía, les gustó y la publicaron. Esto fue así: subí ilustraciones y etiqueté a todas las bebidas energéticas hasta que alguien me hablara. Entonces llegué a ellos, les envié mi trabajo y les gustó.
Ahí me di cuenta de que tenía que seguir. Después también trabajé con otra marca de insumos en Santiago. La otra experiencia fue con mi amigo que hace ropa, la marca Caps. Empecé a mandarle diseños para imprimir en la ropa. Le gustó mucho porque va con su estilo, como graffiti, rapero.
Ahí me dijo que sí vendía y que a la gente le gustaba, y yo pensé: “Tengo que hacer algo más potente”. Y ya no paré. Eso fue llegando a la pandemia, cuando empecé a perfeccionarme más. Saliendo de ella me fue muy bien. Fue un periodo difícil para la gente, pero para mí marcó un antes y un después: ahí terminé de pulir mi estilo.
Lo primero es sacar mi marca de ropa. Tengo mi marca, pero me gustaría sacar la línea de ropa: poleras, polerones, gorros, y estar constantemente sacándolos a la venta. Y el otro sueño es seguir intentando trabajar con una marca grande. Siento que podría hacerlo, tener ese enganche.
Estoy agradecido porque tengo la confianza de mis más cercanos, de mis amigos, pero claro, también uno busca una marca grande que nos pueda respaldar y dar esa seguridad.
Es cuando logro convencer al cliente de que su idea se parezca más a la mía. Normalmente ellos llegan con buenas ideas y referencias, pero mi intención es que lo que pueda entregarles sea aún más personalizado. Soy muy autocrítico, sobre todo en mi otro rubro, la fotografía.
Yo comencé de un día para otro. Se dio la posibilidad de que podía remunerarlo y sentía que quizás, por el diseño, también tenía ese lado un poco más pulido. Comencé a hacer cursos en internet y después vino la práctica. Tuve un colega que me ayudó mucho también, que fue muy estricto conmigo.
Me gusta mucho capturar la naturaleza y actualmente me dedico más a eventos. Me gusta el estilo de fotografías donde debo enfocarme más en la reacción de la gente que en el artista en sí: que se vea si están aplaudiendo, saltando, etc.
Esa inquietud por seguir aprendiendo también se ha convertido en una parte fundamental de su manera de trabajar. Arnold reconoce que es una persona multitarea y que constantemente busca nuevos conocimientos a través de tutoriales, videos, podcasts y otros contenidos disponibles en internet.
Con el tiempo, entendió que en estos rubros no se puede permanecer únicamente con lo que ya se sabe, porque siempre habrá alguien que sepa más. Para él, esa posibilidad de aprender por cuenta propia es una de las grandes herramientas que entrega internet.
Una vez escuché algo que trato de aplicar: no hay excusa. Siempre me dicen “es que yo no voy a aprender eso”, y yo pregunto: “¿Lo intentaste?”. “No”. Entonces no lo vas a lograr. Mi abuela decía, cuando alguien hablaba de ganarse el loto: “¿Y lo jugaste? No. Entonces no te lo vas a ganar”.
Cuando alguien me dice que no puede, que le cuesta, yo pienso que es cosa de ponerle tiempo. En vez de sentarte a ver una serie, deja el celular al lado y haz otra cosa. La serie va a estar ahí después.
Yo estudié algo que no tiene mucho que ver con estar sentado en un escritorio, pero aun así tuve que aprender a usar Excel, Word, a redactar un correo formal y, al final, lo aprendí. El tiempo siempre está, aunque sea un fin de semana o un día sin pega. Aprender está al alcance de la mano. YouTube te entrega muchos tutoriales, y gratis.
Yo soy súper malo para leer, porque me distraigo fácil: empiezo a leer una hoja, pasa una mosca y ya me fui. En el iPad pongo el libro, después tomo el lápiz, me pongo a dibujar y pierdo el hilo. Por eso me sirve más escuchar o ver. Los audiolibros o los podcasts de temas que me interesan me ayudan mucho a concentrarme.
Me gustaría que vieran que transmito pasión por lo que hago. Nosotros trabajamos con clientes; mi ilustración por sí sola puede ser la mejor, pero si no logro que alguien me diga “me gusta lo que haces”, no vale de nada. Todo parte por recibir eso de la gente. Por eso también trato de mantener siempre la humildad y la cercanía, porque al final uno depende de que la gente conecte no solo con el trabajo, sino también con quien está detrás de él.